* Por Juan José Montes Letelier
“Este es un mundo que te domestica para que desconfíes del prójimo, para que sea una amenaza y nunca una promesa”. Esta frase del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano sintetiza muy bien la realidad que está viviendo la sociedad chilena y que ahora también toca la esfera de nuestro querido fútbol chileno.
Hace un par de semanas pudimos ver los incidentes que ocurrieron en el estadio Elías Figueroa de Valparaíso y que terminaron por impedir la realización del partido entre Santiago Wanderers y Colo Colo, puesto que no estaban las condiciones mínimas de seguridad ni para los jugadores ni para los hinchas de ambos equipos. Pero esto es la punta de un cerro de problemas que tiene el mundo del fútbol.

Pero para colmo de esta vergonzosa situación, el plantel campeón de Colo Colo sale a celebrar su título como si nada hubiese pasado, demostrándonos que como sociedad estamos normalizando ciertas conductas delictuales, lo que es aún más grave desde mi punto de vista. Es más, como parte de su celebración realizaron la tradicional “vuelta olímpica” sin público, lo cual es una aberración a la génesis de esta tradición heredada del equipo de fútbol uruguayo campeón de las olimpiadas de París de 1924, cuyos jugadores empezaron a hacer este gesto en agradecimiento al público francés presente en esa recordada final frente a Suiza. Una completa burla al significado de esta celebración.

Y la pregunta que todos nos podemos hacer válidamente es: ¿Y las autoridades qué hacen para cambiar esto dentro de nuestro país por lo menos? Bueno, sí han tratado de mejorar el asunto con particularmente dos grandes cambios.
En primer lugar está el Plan Estadio Seguro, el que como todos podrán observar, no está logrando sus objetivos. El punto principal aquí está en que se han impuestos normas de prohibición en vez de educación, como también criterios de personas que no vienen del mundo del fútbol. Se debería buscar tener un espectáculo de primer nivel, pero con nuestros rasgos culturales, no los de Europa, EE.UU o China, si es que no queremos ver nuestros estadios vacíos y silentes.


Después de este recorrido por todos los niveles del fútbol mundial y nacional, repasar la historia de infortunios y malos manejos, y por último, ver los intentos por combatir la corrupción, malos tratos laborales y acabar con la violencia, uno tiende a pensar que está todo acabado y que el último en salir debería cerrar la puerta. Pero no. La gran esperanza es que este deporte nunca va a morir y que por muy grandes que sean los problemas a enfrentar, no desaparecerá, ya que siempre niños, niñas y adultos podrán juntar sus calcetines y formar una pelota de trapo, repartirse en equipos y generar su propio Estadio Nacional en cualquier lugar de encuentro común como plazas, parques, calles, etcétera. Además, dentro de ese escenario indestructible, todos los jugadores podemos ser una estrella y celebrar con nuestras hinchadas de turno. Pues ahí está la magia y la inmortalidad de este deporte, cualquier niño o niña puede imitar el gol con la mano de Maradona a los ingleses, como también puede elegir imitar el gol del siglo del Pelusa en el mismo partido. Pero da lo mismo, no hay problema en que elija el gol con trampa o el gol del siglo porque como dice Galeano, “los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse.”
No olvidemos que lo que pasa en la cancha queda en la cancha y que para las cosas importantes está todo el tiempo que no le destinamos al fútbol. Este fenómeno social no se acaba acá, no se acaba con algunos hinchas, algunos dirigentes o jugadores, se lleva en la sangre de todos los que nos sentimos niños jugando y pasándolo bien con amigos o desconocidos, en el patio de nuestras casas o en la plaza del barrio.
* Juan José Montes Letelier, Economista Universidad de Chile, actualmente es coordinador ejecutivo para el norte de Chile de la Fundación Fútbol Más que promueve el desarrollo de niños y jóvenes en contextos de vulnerabilidad.