* Por Daniela Fontecilla
La semana pasada se concentraron más de 200 mil personas frente al Congreso de la Nación Argentina para decir: “Ni una menos”. Junto a ellos, más de 80 ciudades del país se unieron en plazas y avenidas bajo la misma consigna. Incluso el llamado cruzó fronteras y distancias. Organizaciones, familias, niños y niñas, jóvenes, adultos y ancianos bajo un mismo lema. Una marcha en contra de la violencia, la injusticia y la discriminación de género.

Pero sobre el petitorio se vincularon otras motivaciones que congregaron a una enorme cantidad de gente que expresó un categórico rechazo ciudadano ante la violencia que día a día sufren las mujeres. No sólo vimos carteles con un # ni gente sacándose fotos para poner en las redes sociales. Era un encuentro con historias de mujeres violentadas, asesinadas, raptadas y/o secuestradas. Familias que exigían justicia frente al dolor por la pérdida de una hija, mamá, hermana o amiga. Entre los asistentes escuchamos relatos de mujeres que durante años vivieron en silencio insultos y violencias, que fueron invisibilizadas e incluso justificadas por una sociedad machista y patriarcal.

Días como este son signos de esperanza en la construcción de una sociedad más igualitaria, humana y fraterna. No dejemos de evaluar nuestro propio lenguaje, prejuicios y formas de relacionarnos con otro/as. Pasa también por nosotros el que haya NI UNA MENOS.
* Psicóloga, vivió una experiencia de servicio en Libertad-Merlo (Buenos Aires).