*Por Patricio Rubio A.
Al principio de la encíclica Laborem Exercens, Juan Pablo II nos plantea que el trabajo es un aspecto de la vida de hombres y mujeres, de carácter “perenne y fundamental, siempre actual y que exige constantemente una renovada atención y un decidido testimonio[1]”. Es parte de la fe cristiana el darse la tarea de observar, juzgar y actuar dentro de la realidad laboral de nuestros hermanos y hermanas con el fin de construir una sociedad de paz, justicia e igualdad.
Y en tanto cristiano es que me parece importante hoy poder manifestar desde mi fe, mi opinión y mis inquietudes sobre la Reforma Laboral que afectará a las grandes mayorías sencillas de nuestro país.
Desde hace ya algunas semanas se viene discutiendo dentro del poder legislativo esta Reforma, sufriendo idas y vueltas, negociaciones, modificaciones, entre otros. Dentro de los distintos elementos polémicos de ésta, discutidos en el parlamento (y fuera de él en las negociaciones entre la DC y el gobierno), el que ha llamado la atención de mayor manera dentro de la sociedad civil chilena es la relativa al reemplazo en la huelga.
Si bien dentro de los artículos aprobados dentro del Senado se encuentra uno que plantea que “se prohíbe el reemplazo de los trabajadores en huelga[2]”, fue una de las indicaciones la cual generó mayor polémica, la cual plantea que “el empleador en el ejercicio de sus facultades legales, podrá modificar los turnos u horarios de trabajo, y efectuar las adecuaciones necesarias con el objeto de asegurar que los trabajadores no involucrados en la huelga puedan ejecutar las funciones convenidas en sus contratos de trabajo, sin que constituya práctica desleal ni importe una infracción a la prohibición de reemplazo[3]”.


Pareciera que detrás de esta propuesta legislativa se esconde algo que ya ha sido denunciado de manera profética por el Papa Francisco: La Cultura del Descarte[6], consecuencia del consumismo exacerbado y de asumir como prioridad la maximización de las ganancias. Para esta cultura “la vida humana, la persona, ya no es percibida como valor primario que hay que respetar y tutelar, especialmente si es pobre o discapacitada, si no sirve todavía —como el nascituro— o si ya no sirve —como el anciano—[7]”.

Bajo esta mirada no queda más que, primero, seguir denunciando esta situación injusta que afecta a sectores importantes de nuestra población chilena, entendiendo la necesidad de la denuncia de la injusticia como parte del rol del cristiano dentro de la sociedad, y segundo, hacer carne el llamado del Papa Francisco a salir a las calles y hacer un lío, pero no por el mero deseo de generar desorden, sino porque es urgente cambiar esta realidad llena de desigualdad e injusticia, que en este caso afecta considerablemente a trabajadores y trabajadoras, es decir, a las mayorías sencillas de nuestro país, los preferidos de Cristo.
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[7]https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-francesco_20130605_udienza-generale.html
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* Patricio Rubio es Estudiante de
Ingeniería Mecánica Industrial UTFSM, militante UNE Chile, CVX Valparaíso.
Ingeniería Mecánica Industrial UTFSM, militante UNE Chile, CVX Valparaíso.