* Por Velia García Valenzuela
A unos días de conmemorar el día de la mujer, hace bien preguntarse qué más que una lucha o confrontación de género, debiéramos hablar de una integración y conmemoración de ambas partes, pues tanto lo femenino, como lo masculino son importantes para nuestro desarrollo y potencial “humano”.
Si bien nosotros, nacemos con un cierto sexo, esta característica biológica de los cuerpos no nos convierte automáticamente en mujeres o hombres, también “aprendemos” a serlo, ya que es una construcción atravesada por procesos culturales y sociales. Esta diferencia es muchas veces confusa, ya que normalmente ligamos la condición de ser mujer a comportamientos exclusivamente femeninos y a ser hombre con comportamientos exclusivamente masculinos, de hecho si algún hombre o mujer tiene comportamientos contrarios a lo que se suele adjudicar a su sexo suele criminalizarse, pero la naturaleza humana no es tan limitada al sexo que nos haya tocado ser, somos mucho más e inevitablemente necesitamos del opuesto para integrarnos y auto-completarnos.

Hoy en día, más allá del género, de los roles y etiquetas que tengamos, hemos visto la imperancia de nuestra época que ha dado más importancia al “hacer sobre el ser”, la “razón sobre el sentir”, lo que ha traído consigo una desensibilización y desestabilización mayor, desconectándonos con nuestra verdadera esencia que abraza con amor nuestra totalidad en -común unión- con los opuestos. He ahí lo importante de reivindicar el ser, el sentir, a modo de “darse el tiempo” de conexión consigo mismo, con los otros, con los ciclos naturales de la naturaleza que pertenecen a nuestra propia manifestación de lo femenino, todo ello para equilibrarnos y armonizar nuestro “hacer”. No se trata de “parar el mundo” o nuestro quehacer, sino de darse tiempo -previo al hacer, a la acción- a escucharse, tiempo que nos permita escuchar los propios ritmos biológicos, humanos que nacen desde nuestro propio centro vital y emocional, que hoy conocemos como la “sabiduría del corazón”.

Nuestro gran llamado, para todos/as, es alcanzar el “matrimonio interior”, donde los opuestos se unen, diluyendo la dualidad y la contrariedad, lo que nos permitirá construir y mantener “relaciones sanas y duraderas” con los demás. Pues “si estoy completo/a, no será preciso demandar al otro u otra, por lo que en realidad, es mi propia carencia. Solo en esa instancia, cada uno de nosotros disfrutará completamente de la presencia de ese otro”.

Ambos, hombres y mujeres, necesitamos integrar los polos (femenino y masculino) en nuestra expresión del ser, pues solo así lograremos que nuestro pensar, sentir y actuar, vayan a un mismo sentido, y den “sentido” a nuestro propio quehacer o forma de estar en el mundo, amando lo que hacemos y somos. Haciéndonos así, portadores y creadores de más vida.
* Velia García Valenzuela es Facilitadora de Biodanza SRT, Arteterapeuta y Arquitecta.
(mail contacto: biodanzastgo@gmail.com)
Gracias por la reflexión de Velia, me parece que es muy verdadera y sabia y que va en la línea que necesitamos como sociedades hacia una mayor humanización. Pienso que el evangelio de Jesús nos orienta en la misma dirección en la medida que propone una comunión plena en Dios donde los distintos aspectos de nuestro ser, personal y social, conviven en armonía. ¡Muchas gracias!